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HARRY BOSCH
“Yo soy ese hombre,” piensa Harry cada vez que mira al tipo solitario del cuadro. (Edward Hopper: Night Hawks)
"Me pesa el pasado. Supongo que puedo ser difícil de tratar. He vivido solo la mayor parte de mi vida." (El último coyote)
Harry Bosch es detective de grado tres de la Policía de Los Ángeles. Siempre en permanente conflicto con sus superiores, especialmente con Irvin S. Irving y con Asuntos Internos, por su tendencia constante a no seguir las normas oficiales del Departamento. Él pretende hacer las cosas bien de cuando en cuando en un mundo que le parece podrido. Es un policía de la vieja escuela, que sigue escribiendo sus informes a máquina, y que no acaba de aprender a manejar un ordenador, ni a hacer búsquedas en Internet. Se muestra siempre escéptico con el mundo digital.
Se siente vacío por dentro. “Había aprendido a llenar el hueco con aislamiento y trabajo. A veces con la bebida y el sonido del saxofón, pero nunca con personas. Nunca había dejado que nadie se le acercase del todo.” (Hielo negro). Este rasgo de su carácter es especialmente incomprendido por las mujeres que forman parte de su vida.
Mide algo más de un metro setenta y es delgado. Zurdo, pelo castaño rizado, ya algo canoso y gris, bigote, ojos oscuros cansados, arrugas en las comisuras. Todavía conserva abdomen plano y cuerpo musculoso. Mirada dura, que él reconoce cuando se mira en el espejo, propia de muchos polis.
Tiene un tatuaje, ya descolorido, recuerdo de Vietnam: una rata con un arma saliendo de un túnel. Otra marca que presenta es la cicatriz por el balazo que recibió en el hombro izquierdo durante la investigación narrada en El eco negro. De la herida de bala se recuperó durante una estancia de seis semanas en Bahía San Felipe, México. En Ciudad de huesos leemos que le quitan una muela del juicio, dato que, como otros similares, nos da la imagen de un personaje bastante verosímil y cercano.
Sus gastos corrientes se limitan a comida, alcohol, música y tabaco. En un principio es muy fumador, pero consigue dejarlo. Ser padre le ayuda a superar esa debilidad, según reconoce él mismo. Su bebida habitual es la cerveza. Anchor Steam, es una de sus marcas favoritas. En algunas de las novelas, las primeras, bebe más de la cuenta.
Suele conducir un Chevrolet Caprice del Departamento. En Luz perdida se ha comprado un Mercedes Benz ML 55 de segunda mano. Más tarde, lo cambia por un Mustang (Echo Park).
En sus primeras novelas usa el busca para ser localizado. Después se moderniza y se pasa al móvil del que conocemos su número: 332 244 56 31. El modelo de teléfono que emplea es básico, ya que sólo lo utiliza para hacer y recibir llamadas (El observatorio), puesto que desconfía de las nuevas tecnologías, aunque haya comprado una cámara digital para fotografiar a su hija. En El veredicto sorprende leer que tiene un iPod en el que escucha a alguno de sus intérpretes favoritos: Frank Morgan o Ron Carter.
Es seguidor del béisbol. Como su madre, es hincha de los Dodgers; pero poco a poco va perdiendo interés por este deporte. No va nunca al cine. No lee. Sólo ve informativos en la televisión cuando hay noticias sobre sus casos. Su gran afición es la música, sobre todo el jazz. Su instrumento favorito es el saxo que, incluso, practica. Durante un tiempo le da clases un viejo músico, Quentin McKinzie, conocido como Sugar Ray McK, al que casualmente había ayudado a recuperar su saxofón robado.
Casado durante un año con Eleanor Wish. Tras casi tres años de separación, Harry conoce que tienen una hija. Maddie. La visita siempre que puede en Las Vegas. Incluso alquila un apartamento barato en El Executive Extended Stay Motel, ya que no se puede permitir un hotel lujoso. Desearía estar cerca de ella, que viviera en Los Angeles; pero, por otro lado, temería que habitase en una ciudad tan violenta.
